Importancia de limitar el consumo diario de grasa

Según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) supone un riesgo para la salud  consumir  grasa por encima del 30 o el 35% de las calorías aportadas en la dieta.

Al mismo tiempo, debemos tener en cuenta que no sólo es importante la cantidad de grasas que se consumen, sino también la calidad, ya que ambos aspectos determinan su repercusión sobre la salud.

No es recomendable consumir grasas trans, y deberíamos reducir el consumo de grasas saturadas porque están directamente relacionadas con el aumento de colesterol en sangre, el desarrollo de ateroesclerosis y el aumento del riesgo de enfermedad cardiovascular, siendo esta la principal causa de morbimortalidad en España.

Las grasas que se consumen habitualmente proceden principalmente de diversos alimentos de origen animal y vegetal, en diferentes proporciones, pero no todas son necesarias para nuestro organismo.

Las grasas saturadas se encuentran en alimentos de origen animal, como carnes, embutidos, leche y sus derivados. También están presentes en aceites de origen vegetal, como los aceites de coco o de palma, que se consumen a través de bollería industrial, aperitivos salados y productos transformados principalmente.

“El consumo de grasas saturadas favorece un aumento de los niveles de colesterol en sangre, en concreto del LDL colesterol, también conocido como colesterol ‘malo’. Los alimentos ricos en grasas saturadas deben formar parte del vértice de la pirámide de la alimentación saludable y por lo tanto, solo deberían consumirse de forma esporádica, ya que no debe superar el 9-10% de la ingesta calórica diaria total”.

Por otra parte, las grasas insaturadas, las encontramos en alimentos de origen vegetal, como los aceites vegetales (aceite de oliva, girasol o maíz). Clasificándose a su vez en grasas monoinsaturadas, presente especialmente en el aceite de oliva, donde puede alcanzar hasta un 75-80%; poliinsaturadas, que son los omega 3, 6 y 9 y cuya recomendación en una dieta saludable es del 6-10% de las calorías totales; y las trans, que se producen durante la elaboración de las margarinas y grasas de repostería, como resultado de la hidrogenación parcial o total de aceites vegetales o de pescado insaturados.

“El consumo de ácidos grasos trans provoca en el organismo un efecto más negativo que la grasa saturada, ya que aumenta los niveles de LDL colesterol y triglicéridos y también reduce HDL colesterol en sangre, conocido como colesterol ‘bueno’, favoreciendo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

Por todo ello, deberíamos mantener una ingesta lo más baja posible en este tipo de grasas.

Dra. Carbonell Soto

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